Fé-Cé y la traca de Forment

29.03.2018

Carlos Rosique

Foto: José Ricardo March
Foto: José Ricardo March

Todo tiene un comienzo. Como en el día de ayer, con la traca en memoria del gol de José Vicente Forment al Celta de Vigo 47 años después, que le dio tres cuartas partes de la Liga del 71 al Valencia. En este caso, Rafa Lahuerta, escritor de La Balada del Bar Torino, quiso impartir justicia y empezar un relato con el gol del de Almenara como el que pueda llegar a tener Baraja con los goles al Espanyol. Un 'pensat i fet' en toda regla que acabó con el propio protagonista en la puerta de Mestalla, encendiendo la mecha junto a Lahuerta. El hecho en ningún caso quiso adornar lo ocurrido, sí recordarlo y, sobre todo, dignificarlo.

Lo mismo pasa con el Fé-Cé. El club de Mestalla se vio obligado a cambiar el nombre en enero de 1941 por una ley impuesta por el gobierno franquista. Apenas un año después de aquel gol de Forment, el 18 de junio de 1972, la ley permitió al Valencia Club de Fútbol cambiar su nombre por su nombre original, el Valencia Football Club. Sin embargo, el club, inmerso en una crisis institucional en la que reinaba el caos, no llegó nunca ni a cavilar la opción, básicamente por dos factores: en primer lugar, la pérdida de Vicente Peris, gerente y trabajador del VFC durante casi 30 años, que murió el 13 de febrero de ese mismo año en pleno partido ante el Atlético en Mestalla y, en segundo lugar, la posterior dimisión de Julio de Miguel, que llevaba 12 temporadas como presidente de la entidad.

Por eso mismo la propuesta de UVaM es tan loable. La posibilidad de participar en un debate que solo ayude a fomentar la historia del club sin necesidad de abrir ningún tema ideológico debería ayudar a reabrir puertas de la historia que no se han tocado. El debate, centrado en si se debería cambiar el nombre es un debate más actual de lo que podríamos llegar a pensar. El centenario, ya a la vuelta de la esquina, podría ser el momento perfecto para volver a nuestros inicios, esos inicios donde los montistas y los cubellistas coadyuvaban a que Algirós, y después Mestalla, se llenara todas las semanas o, por el contrario, no cambiarlo y seguir con el nombre, que hemos tenido durante los últimos 77 años de historia.

En definitiva, ambas posturas son lícitas y ambas, con sus respectivos argumentos, son justificables a la hora de la elección. Lo importante, sin ningún tipo de duda, es que estos debates sanos, sin ningún tipo de pensamiento más allá de apoyar al club, son los que ayudan a hacer grande al valencianismo. Quizá no ganen finales, pero esos pequeños gestos hacen que el VCF/VCF sea un orgullo para los valencianistas.

@EnElBanquillo_
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